Saturday, September 09, 2006

El viaje

La vio subir, el guante de lana negra como una garra prensil en el blanco esqueleto vertical de la cabina. Ella dudó un instante, la inercia la hizo retroceder, sólo medio paso, antes de decidir tomar asiento frente a él. La decisión requirió un examen previo, sus ojos rozaron el rostro distraído, distante, observando sin interés un vacío en el parabrisas del colectivo. Al instalarse en su lugar lo observó de reojo mientras miraba la ventanilla. Se sintió satisfecha de su decisión hasta el maldito segundo en que él le clavó los ojos. Fue sólo un segundo, pero su expresión reveló un interés, ese interés que ella quería que no existiera. Se sintió incomoda durante un trecho. Él siguió casi todo el trayecto cavilando, hasta que llegaron a una plaza oscura. Miró hacia ambos carriles, talvez tratando de descifrar donde estaba. En ese ir y venir de miradas, desde un extremo a otro, demoraba sus ojos al pasar por ella. La tensión era notoria entonces, simplemente no podía seguir respirando. La arritmia respiratoria causó un leve palpitar, acomodarse en su asiento fue una reacción inconsciente. No quiso seguir demostrando que estaba allí. Quiso que nadie viera su protagonismo en ese viaje que comenzó mal desde un principio. Desde que lo distinguió entre los demás pasajeros. Él sabía fingir bien su ausencia, ella también sabía hacerlo, pero no lo lograba teniendo una farsa tan perfecta en frente. Sólo ella había notado su conciencia, porque él se lo hizo notar, pero con qué propósito. El único que podía imaginar era el de ponerla a ella como protagonista de ese viaje, del que nunca había querido participar, del que huyó desde el principio. Su esfuerzo por concentrarse la llevó a un limbo en la ventanilla. Su ausencia era casi perfecta, sólo interrumpida por su curiosidad. No podía evitar tenerlo en la periferia de su campo visual, tal como él la tenía a ella. Así pasaron las cuadras. Él comenzó a reconocer el camino, antes parecía ser un perfecto extraño en calles absolutamente nuevas, ahora parecía tener dudas de su ubicación, pero no era como antes. De pronto su calma fue absoluta, no demostró presencia alguna durante unos minutos, como si hubieran cesado sus signos vitales por completo. Luego su presencia se hizo fuerte, acaparó de tal manera el ambiente que ella se hizo insignificante, un espectro vacío, quieto en su nula importancia. Les ofreció existencia a las tres mujeres que se pusieron de pié junto a la puerta, esperando que el micro se detuviera en la plaza central. El universo se detuvo, lo único que se movía eran las mujeres descendiendo y él poniéndose de pie. Era enorme, gigantesco, su cabeza impactó suavemente en el esqueleto horizontal. Su movimiento fue extraordinariamente lento y suave, parecía que algo tiraba de sus hombros hacia arriba, conduciendo suavemente su cabeza por encima y el resto de su ser debajo. Al impactar en el caño trasverso, su cuerpo se solidificó al instante. Dio tres pasos firmes y quedó parado en la vereda, mirándolo todo como si le fuera extraño. Caminó hacia la derecha, observó algo adelante, se detuvo, giró y fue dubitativamente en el mismo sentido en que venía en el micro. Ella se quedó con esa imagen, con el rostro y las manos contra el vidrio. No pudo seguir viéndolo, él ya no existía, había abandonado el viaje.