Diabético
18/08/2005
En su primer día de clases, Feli llegó de la mano de su madre a la escuela. Ya le habían explicado todo lo que debía saber y lo más importante en su primer día era encontrar un amiguito. Con uno sólo bastaba, pero debía ser un niño bueno, de buena familia y de ser posible bien parecido.
- Busca alguien que se parezca a ti.
había aconsejado su padre.
Feli observó la escena al llegar, y se sorprendió al ver niños llorones y asustados. De seguro ellos no estaban tan preparados como él para afrontar esa jornada. Sus padres no debían de preocuparse tanto por la educación de sus hijos como los padres de Feli. Tanto peor para ellos.
Feli despidió a su madre y se avocó a su tarea. En seguida divisó un niño que ya había despedido a su madre y estaba aguardando sin prisa que los demás niños despidieran a las suyas para conversar.
- Hola.
- Hola.
- Yo me llamo Feli. Tu como te llamas?
- Yo soy Juan.
- Quieres un dulce Juan?
- No puedo comer dulces, soy diabético.
Juan era rubio y de ojos claros, la expresión perfecta de un compañero de raza ¡¡pero era diabético!!
Feli sintió esa ira contra Juan como contra todos los distintos a él, pero de inmediato una idea le arrebató su ira. Se dio cuenta de golpe, que Juan no tenía la culpa, sino sus padres. Juan era un niño perfecto, pero sus padres le habían inculcado esa horrenda religión, ellos tenían la culpa. Pobre Juan, que padres tan descarados.
- No es culpa tuya Juan, es de tus padres,
- Sí, ya lo sé. Me contaron que es hereditaria.
Todo se estaba aclarando. No era una religión cualquiera, a la que uno podía pertenecer si encontraba sus preceptos verdaderos o convincentes. Era algo más siniestro. Era una secta al parecer muy hermética, de seguro muy peligrosa y clandestina. La más inmoral de las sectas diabólicas. Eran tan diabólicos que se hacían llamar diabéticos. Que significa sin dudas "más perversos que el diablo" o algo por el estilo.
- No deberías decirlo con tanta liviandad, ser diabético no es nada bueno Juan.
- Me lo vas a decir a mí. No puedo comer cosas dulces y me llevan al médico todos los meses, a veces me pinchan con jeringas, es horrible.
Ahora estaba claro. Era peor de lo que había imaginado. Los integrantes de esa perversión sometían a sus niños a no disfrutar nada de lo bueno. Las delicias de la vida les estaban prohibidas y además les inflingían dolorosos tormentos. Que horror!!!!!!! y les inculcaban obediencia hasta el punto de que ellos mismos se negaban a los placeres!!
- No dejes que te hagan eso Juan, debes dejar de ser diabético.
- Yo no quiero, pero mamá dijo que debía aceptarlo. Ella es diabética también.
- Como!! tu papá no es diabético???
- No. Sólo mi mamá.
- Y como puede soportar esto?? es cristiano tu papá???
- Sí, claro. y tu papá?
- Sí mi papá sí, por supuesto, pero él no soportaría que mi mamá fuera diabética.
- No es tan grave, si no comes dulces y te cuidas, no te pinchan todos los días, hay diferentes tipos de diabéticos, pero uno puede convertirse en insulina-dependiente.
Era una estructura organizada, jerarquizada, conformada por pequeños grupos, o talvez grandes grupos, tan grandes que a sus lideres les decían insulina-dependientes, algo así como los presidentes de los diabéticos. Y con una disciplina tan rígida que los integrantes más bajos eran sometidos a torturas diarias si no obedecían. Además seguro amenazaban a los cristianos que supieran que alguien era diabético. Por eso el padre de Juan lo soportaba todo, estaría de seguro aterrorizado. Pobre papá de Juan!!!
- Por favor Juan, debes dejar de ser diabético.
- Siempre seré diabético Feli. No entiendes?
Ahora había entendido todo, Juan estaba condenado a ser diabético contra su voluntad, pero lo había aceptado. Le había hecho saber a Feli que siempre serían enemigos. Pero no se guardarían rencor. Juan no podía dejar de ser diabético y de atentar contra los demás y Feli debía proteger a la gente de la amenaza de Juan y su puta madre y los demás hijos de puta que nunca dejarían de ser diabéticos.
MORALEJA:
“Encontrar un amiguito es muy difícil si además de ser un nazi hijo de puta, sos un ignorante y te crees que sos un gran tipo.”
En su primer día de clases, Feli llegó de la mano de su madre a la escuela. Ya le habían explicado todo lo que debía saber y lo más importante en su primer día era encontrar un amiguito. Con uno sólo bastaba, pero debía ser un niño bueno, de buena familia y de ser posible bien parecido.
- Busca alguien que se parezca a ti.
había aconsejado su padre.
Feli observó la escena al llegar, y se sorprendió al ver niños llorones y asustados. De seguro ellos no estaban tan preparados como él para afrontar esa jornada. Sus padres no debían de preocuparse tanto por la educación de sus hijos como los padres de Feli. Tanto peor para ellos.
Feli despidió a su madre y se avocó a su tarea. En seguida divisó un niño que ya había despedido a su madre y estaba aguardando sin prisa que los demás niños despidieran a las suyas para conversar.
- Hola.
- Hola.
- Yo me llamo Feli. Tu como te llamas?
- Yo soy Juan.
- Quieres un dulce Juan?
- No puedo comer dulces, soy diabético.
Juan era rubio y de ojos claros, la expresión perfecta de un compañero de raza ¡¡pero era diabético!!
Feli sintió esa ira contra Juan como contra todos los distintos a él, pero de inmediato una idea le arrebató su ira. Se dio cuenta de golpe, que Juan no tenía la culpa, sino sus padres. Juan era un niño perfecto, pero sus padres le habían inculcado esa horrenda religión, ellos tenían la culpa. Pobre Juan, que padres tan descarados.
- No es culpa tuya Juan, es de tus padres,
- Sí, ya lo sé. Me contaron que es hereditaria.
Todo se estaba aclarando. No era una religión cualquiera, a la que uno podía pertenecer si encontraba sus preceptos verdaderos o convincentes. Era algo más siniestro. Era una secta al parecer muy hermética, de seguro muy peligrosa y clandestina. La más inmoral de las sectas diabólicas. Eran tan diabólicos que se hacían llamar diabéticos. Que significa sin dudas "más perversos que el diablo" o algo por el estilo.
- No deberías decirlo con tanta liviandad, ser diabético no es nada bueno Juan.
- Me lo vas a decir a mí. No puedo comer cosas dulces y me llevan al médico todos los meses, a veces me pinchan con jeringas, es horrible.
Ahora estaba claro. Era peor de lo que había imaginado. Los integrantes de esa perversión sometían a sus niños a no disfrutar nada de lo bueno. Las delicias de la vida les estaban prohibidas y además les inflingían dolorosos tormentos. Que horror!!!!!!! y les inculcaban obediencia hasta el punto de que ellos mismos se negaban a los placeres!!
- No dejes que te hagan eso Juan, debes dejar de ser diabético.
- Yo no quiero, pero mamá dijo que debía aceptarlo. Ella es diabética también.
- Como!! tu papá no es diabético???
- No. Sólo mi mamá.
- Y como puede soportar esto?? es cristiano tu papá???
- Sí, claro. y tu papá?
- Sí mi papá sí, por supuesto, pero él no soportaría que mi mamá fuera diabética.
- No es tan grave, si no comes dulces y te cuidas, no te pinchan todos los días, hay diferentes tipos de diabéticos, pero uno puede convertirse en insulina-dependiente.
Era una estructura organizada, jerarquizada, conformada por pequeños grupos, o talvez grandes grupos, tan grandes que a sus lideres les decían insulina-dependientes, algo así como los presidentes de los diabéticos. Y con una disciplina tan rígida que los integrantes más bajos eran sometidos a torturas diarias si no obedecían. Además seguro amenazaban a los cristianos que supieran que alguien era diabético. Por eso el padre de Juan lo soportaba todo, estaría de seguro aterrorizado. Pobre papá de Juan!!!
- Por favor Juan, debes dejar de ser diabético.
- Siempre seré diabético Feli. No entiendes?
Ahora había entendido todo, Juan estaba condenado a ser diabético contra su voluntad, pero lo había aceptado. Le había hecho saber a Feli que siempre serían enemigos. Pero no se guardarían rencor. Juan no podía dejar de ser diabético y de atentar contra los demás y Feli debía proteger a la gente de la amenaza de Juan y su puta madre y los demás hijos de puta que nunca dejarían de ser diabéticos.
MORALEJA:
“Encontrar un amiguito es muy difícil si además de ser un nazi hijo de puta, sos un ignorante y te crees que sos un gran tipo.”

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