Vivir
después de matar:
Las seis de la tarde parece una buena hora, sobre todo para vivir el momento, y una manera de hacerlo es observar la vida propia. Pero mi vida no es ahora, como decirlo... visible. La principal necesidad del que es buscado es, antes que nada, observar a los demás. Es el entorno tan amenazador que uno no puede dedicarse a su propio ser. Muy en el fondo uno siente esa necesidad, pero a la vez se da cuenta de que no tiene tiempo para reflexionar sobre los hechos, y ese apuro por pequeño que sea es enorme frente al peligro que representa.
Lo cierto es que estoy tomándome ese tiempo ahora. Son aproximadamente las siete y media y las esperanzas ya se han perdido. "Esperanza", es una palabra que siempre asocié con gente que tiene por qué vivir, algo como un niño a quien cuidar, una familia que mantener o una simple flor que regar todas las mañanas.
Lo cierto es que yo no tengo ya nada de eso y por lo tanto no tengo "esperanzas". Las tenía cuando eran las seis, pero esa maravillosa hora no existe más. Se pasó el tiempo concedido para su existencia sin que ella se animara a salir. Es verdaderamente una pena, era la última que me quedaba y no... no quiso. Es una pena tan grande que me decidí a no esperar hasta la próxima. Así que lo hago en este momento, no importa que no sean las seis.
El homicidio no significa nada para mí. No dejó mi victima nadie que lo quisiera. Sólo un sillón vacío que pronto tendrá otro dueño. No hay nada que me apene en realidad más que mi libertad perdida. Ahora no puedo andar por donde andaba. Lo perdí todo por un ser insignificante. Sé que es injusto que tal desperdicio de humanidad me cueste tan caro, pero sé a la vez que es así en esta cultura.
Quien mata debe sufrir, pues la vida de un hombre vale más que cualquier otra cosa. No se apenan, ni persiguen, ni condenan cuando miles de peces mueren intoxicados. No se les eriza la piel frente a un cazador, contemplan los trofeos con entusiasmo o indiferencia, nunca con aprensión. Si fuera una cabeza humana, un cadáver embalsamado sobre un pedestal se horrorizarían. Pero no sienten pena por la muerte ni el sufrimiento de otras especies. Los animales embalsamados son objetos, que nunca tuvieron vida, las maderas de los muebles no albergaron pájaros cuando se alzaban sobre la tierra.
Porque el mundo no es como ellos quisieran. Pero cuanto menos gente lo sepa, menos se notará y así podrán convencerse fácilmente de su propia mentira. Condenarán a hundirse en la ignorancia a todos y harán que ellos mismos quieran hacerlo a través de amenazas y de infiernos. Se las arreglarán para desconocer las evidencias y matar a los testigos, los harán sufrir, a los testigos. Para que los otros no se atrevan a revelar las verdades. Condenarán a las verdades a convertirse en secretos y a los testigos en prófugos. Señalarán a cualquier sospechoso y lo difamarán cuando no puedan darle alcance. Los borrarán o peor aún: los distorsionarán para hacerlos parecer crueles o soberbios, locos o estúpidos. A los más humildes los pisarán, a los más justos e inteligentes se les vigilará con recelo. Tan sólo para no desengañarse o ,en el más cruel y común de los casos, para no perder poder o beneficios.
Pero, como dicen los fatalistas, alguien tenía que hacerlo, o como dicen los conformistas y mentirosos así estamos mejor, más tranquilos y a salvo. Se vivirá sin utopías se abolirán los sueños, se destruirá la infancia o la adultez, si se entiende a la adultez por la sensatez y a la infancia por tranquilidad de espíritu o la inocencia. Se suprimirá también la adolescencia, pues se entenderá a este periodo como simplemente confuso y contraproducente. Los muchachos serán esclavos de los más viejos, hasta que se conviertan en viejos y adopten todos sus prejuicios y su frialdad. Se venerarán dioses únicos o acompañados. Se obligará a creer a los demás. Se mutilarán los pensamientos. La superstición abarcará toda la sabiduría. Así le llamarán a sus mentiras, a medias o totales, a sus discursos de morales, de obligaciones sin derechos, de muy pocas libertades. Si no pueden prohibirlo todo, será para no ahorcarse a ellos mismos. Seremos todos culpables. Nadie tendrá la gracia. Nadie podrá merecer. Te toca vivir como te toca, y te toca como ellos quieren que sea el mundo, pero el mundo no es como ellos quisieran. Sin embargo se las arreglan bien, para que se parezca a su conformidad.
Porque no hay nadie que desnude una respuesta como lo hacía. Porque nadie me va a comprender. Pero viviré solo, como quería cuando miraba amanecer, en donde supe crecer con el espíritu libre, en la sábana intangible del viento de mar, el sabor a sal, la arena en mis pies, la sombra escasa, pero suficiente. El cansancio físico, nunca mental. No me sentía cansado, sino con sueño. Quería dormir, soñar, correr al despertar por las playas solitarias sin más compañía que el mar.
Es que tengo todo el tiempo para mí y no importa nada más. Esperaré aquí hasta morir de hambre, hasta que mis ojos se sequen y no pueda ya alucinar por la deshidratación. Hasta que mis dedos se llaguen de escarbar y me decida a morir sin resistir, para que vengan los cuervos a comer, sin poder siquiera espantar las bandadas de carroñeros.
No es un buen final, pero no basta soñar para realizar lo que uno desea.
Las seis de la tarde parece una buena hora, sobre todo para vivir el momento, y una manera de hacerlo es observar la vida propia. Pero mi vida no es ahora, como decirlo... visible. La principal necesidad del que es buscado es, antes que nada, observar a los demás. Es el entorno tan amenazador que uno no puede dedicarse a su propio ser. Muy en el fondo uno siente esa necesidad, pero a la vez se da cuenta de que no tiene tiempo para reflexionar sobre los hechos, y ese apuro por pequeño que sea es enorme frente al peligro que representa.
Lo cierto es que estoy tomándome ese tiempo ahora. Son aproximadamente las siete y media y las esperanzas ya se han perdido. "Esperanza", es una palabra que siempre asocié con gente que tiene por qué vivir, algo como un niño a quien cuidar, una familia que mantener o una simple flor que regar todas las mañanas.
Lo cierto es que yo no tengo ya nada de eso y por lo tanto no tengo "esperanzas". Las tenía cuando eran las seis, pero esa maravillosa hora no existe más. Se pasó el tiempo concedido para su existencia sin que ella se animara a salir. Es verdaderamente una pena, era la última que me quedaba y no... no quiso. Es una pena tan grande que me decidí a no esperar hasta la próxima. Así que lo hago en este momento, no importa que no sean las seis.
El homicidio no significa nada para mí. No dejó mi victima nadie que lo quisiera. Sólo un sillón vacío que pronto tendrá otro dueño. No hay nada que me apene en realidad más que mi libertad perdida. Ahora no puedo andar por donde andaba. Lo perdí todo por un ser insignificante. Sé que es injusto que tal desperdicio de humanidad me cueste tan caro, pero sé a la vez que es así en esta cultura.
Quien mata debe sufrir, pues la vida de un hombre vale más que cualquier otra cosa. No se apenan, ni persiguen, ni condenan cuando miles de peces mueren intoxicados. No se les eriza la piel frente a un cazador, contemplan los trofeos con entusiasmo o indiferencia, nunca con aprensión. Si fuera una cabeza humana, un cadáver embalsamado sobre un pedestal se horrorizarían. Pero no sienten pena por la muerte ni el sufrimiento de otras especies. Los animales embalsamados son objetos, que nunca tuvieron vida, las maderas de los muebles no albergaron pájaros cuando se alzaban sobre la tierra.
Porque el mundo no es como ellos quisieran. Pero cuanto menos gente lo sepa, menos se notará y así podrán convencerse fácilmente de su propia mentira. Condenarán a hundirse en la ignorancia a todos y harán que ellos mismos quieran hacerlo a través de amenazas y de infiernos. Se las arreglarán para desconocer las evidencias y matar a los testigos, los harán sufrir, a los testigos. Para que los otros no se atrevan a revelar las verdades. Condenarán a las verdades a convertirse en secretos y a los testigos en prófugos. Señalarán a cualquier sospechoso y lo difamarán cuando no puedan darle alcance. Los borrarán o peor aún: los distorsionarán para hacerlos parecer crueles o soberbios, locos o estúpidos. A los más humildes los pisarán, a los más justos e inteligentes se les vigilará con recelo. Tan sólo para no desengañarse o ,en el más cruel y común de los casos, para no perder poder o beneficios.
Pero, como dicen los fatalistas, alguien tenía que hacerlo, o como dicen los conformistas y mentirosos así estamos mejor, más tranquilos y a salvo. Se vivirá sin utopías se abolirán los sueños, se destruirá la infancia o la adultez, si se entiende a la adultez por la sensatez y a la infancia por tranquilidad de espíritu o la inocencia. Se suprimirá también la adolescencia, pues se entenderá a este periodo como simplemente confuso y contraproducente. Los muchachos serán esclavos de los más viejos, hasta que se conviertan en viejos y adopten todos sus prejuicios y su frialdad. Se venerarán dioses únicos o acompañados. Se obligará a creer a los demás. Se mutilarán los pensamientos. La superstición abarcará toda la sabiduría. Así le llamarán a sus mentiras, a medias o totales, a sus discursos de morales, de obligaciones sin derechos, de muy pocas libertades. Si no pueden prohibirlo todo, será para no ahorcarse a ellos mismos. Seremos todos culpables. Nadie tendrá la gracia. Nadie podrá merecer. Te toca vivir como te toca, y te toca como ellos quieren que sea el mundo, pero el mundo no es como ellos quisieran. Sin embargo se las arreglan bien, para que se parezca a su conformidad.
Porque no hay nadie que desnude una respuesta como lo hacía. Porque nadie me va a comprender. Pero viviré solo, como quería cuando miraba amanecer, en donde supe crecer con el espíritu libre, en la sábana intangible del viento de mar, el sabor a sal, la arena en mis pies, la sombra escasa, pero suficiente. El cansancio físico, nunca mental. No me sentía cansado, sino con sueño. Quería dormir, soñar, correr al despertar por las playas solitarias sin más compañía que el mar.
Es que tengo todo el tiempo para mí y no importa nada más. Esperaré aquí hasta morir de hambre, hasta que mis ojos se sequen y no pueda ya alucinar por la deshidratación. Hasta que mis dedos se llaguen de escarbar y me decida a morir sin resistir, para que vengan los cuervos a comer, sin poder siquiera espantar las bandadas de carroñeros.
No es un buen final, pero no basta soñar para realizar lo que uno desea.

2 Comments:
ACLARACIÓN: Como siempre, me gusta ser atemporal, así que les subí también esta perspectiva, que data del 2001 y que se suponía debía ser entregada entonces a concurso, pero no superó el prefiltro. Me resultó increíble que mi hermano hubiera releído este texto justo hoy, que escribí con otros significados. Los términos son aquí empleados con ascepciones distintas a las de la otra página, es que el contexto histórico personal es distinto. Resulta muy mágico el hecho de haber hablado justo de esto este finde. Hay más magia dando vueltas de la que uno cree. Siéntanlo, debemos estar en primavera.
Lo siento, me dejé llevar y tal vez generé más confusión con "ascepciones distintas". La palabra "ascepciones" no existe, pero no sólo es un error ortográfico, no es la palabra que quise usar. No me refiero a que se interpreten con un significado distinto (que es lo que se hace cuando una palabra tiene más de una acepción) sino a que subjetivamente son distintas. Por ejemplo en un texto la palabra "esperanzas" denota algo maravilloso, reconfortante, poseerla nos da satisfacción, mientras que en otros es terrible, cruel, huimos de ella como de un temible fantasma, la odiamos, la despreciamos o le tememos o algo así.
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